Aprendiendo a educar adolescentes y riesgo

Publicado el 12 octubre 2017

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Adolescentes: por qué tienden a ponerse en riesgo y cómo ayudarles

La adolescencia es una época de muchos cambios. No es raro encontrar niños inocentes y dóciles que se convierten en adolescentes desobedientes e incluso, que se ponen en riesgo. Drogas, alcohol, faltas de respeto y otros cambios en su comportamiento que nos hace preguntarnos quién es ese “nuevo ser” y dónde se ha marchado nuestro dulce hijito.

Lo cierto es, que en muchas ocasiones esta nueva faceta de nuestros hijos puede resultarnos preocupante y frustrante. Pero para saber cómo puedes ayudar a tu hijo a evitar riesgos, es importante que comprendas el sentido de estos cambios.

¿Cómo funciona el cerebro de un adolescente?

La naturaleza es sabia. A pesar de que pueda parecer contraproducente esta conducta de “ponerse en riesgo” se encuentra en nuestro organismo por un motivo: lograr la madurez necesaria para la vida adulta.

Daniel Siegel, especialista en el desarrollo del cerebro, explica que el paso del cerebro de un niño al de un adulto es un paso muy importante. Al llegar la pubertad el cerebro del niño pone en marcha los mecanismos necesarios para pasar de “generalista” a “especialista”.

¿Qué quiere decir esto? Imaginemos a nuestro hijo de 5 años viendo indiscriminadamente cualquier programa que pongan en la tele durante 2 horas. En contraste, difícilmente podríamos imaginar a nuestro hijo adolescente conformándose con ver cualquier cosa y manteniéndose tanto tiempo en lo mismo. A esto nos referimos. El niño, necesita aprender y absorbe como una esponja cualquier cosa nueva. El adolescente, por otro lado, que ya tiene las bases sentadas gracias a la fase previa, ya no busca sólo aprender sino que tiene la necesidad especializarse para ahondar en conceptos más complejos.

Por otro lado, el cerebro del adolescente ha de enfrentarse a nuevos retos, que en ocasiones, pueden parecerle peligrosos, desde su mentalidad de niño. Para favorecer que el adolescente no deje de aprender y se acerque al mundo, su cerebro se encarga de segregar diferentes sustancias que impulsan al adolescente sentirse atraído por la novedad. Esto es bueno porque todo lo que el adolescente descubra gracias a esa curiosidad, favorecerá a su maduración.

Además, se producen cambios en la manera de razonar. El cerebro adolescente tiende a maximizar lo positivo y minimizar lo negativo de casa situación con el objetivo de probar cosas nuevas y de aprender más. Y claro…eso lleva a que puedan subestimar el riesgo.

¿Qué hacer como padres ante esta circunstancia?

Parece que el interés por la novedad y el riesgo viene justificado por las necesidades evolutivas de aprender y madurar.  Sin embargo, sabemos también que en muchas ocasiones este proceso de aprendizaje puede entrañar riesgos demasiado grandes y graves consecuencias.

La investigadora Eva Telzer demostró que aquellos adolescentes que disfrutaban compartiendo con otros, estaban más protegidos ante problemas como la depresión y la ansiedad consecuente de aceptar riesgos.

Así que como padres, una de las cosas que podemos hacer es favorecer actividades prosociales, permitiendo que nuestros hijos se involucren académicamente en algo que les guste o promoviendo que asistan a actividades de ocio que impliquen cooperar y compartir. Porque además de contribuir a que tengan un desarrollo sano, estaremos ayudándoles a protegerse de problemas tan complejos como la depresión y la ansiedad.

Además no olvidemos que si nuestro hijo se involucra en este tipo de actividades, podrá desarrollarse en un ambiente más saludable, en el que la búsqueda de la novedad no entrañe riesgos reales sino una experiencias de crecimiento.

 

Fuentes consultadas: “When taking risks is good for teens” by Jill Suttie y “The purpose of teenage brain” by Daniel Siegel

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