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Publicado el 12 octubre 2017

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Cómo ayudar a nuestros hijos a establecer objetivos

Ir al gimnasio con más frecuencia, conseguir aprender inglés o lograr un ascenso laboral son objetivos que muchos adultos nos proponemos en nuestro día a día. Como nosotros, los niños y adolescentes también se fijan objetivos. Puede que si nuestro hijo nos dice que quiere ser cantante o astronauta, no le demos demasiada importancia pero para ellos todos esos objetivos demuestran sus intereses más sinceros.

En muchas ocasiones, nuestros hijos pueden llegar a sentirse frustrados. Esto empeora cuando empiezan a crecer y la adolescencia se acerca. Y es que, ¡no es nada fácil crecer! Debemos entender que ellos son nuevos en el mundo y que ciertas cosas no vienen aprendidas de manera innata.

En este artículo te presentamos los pasos fundamentales que ha de seguir cualquiera que intente cumplir un objetivo y que así puedas ayudar a tu hijo a ser más eficaz y a conseguir lo que se proponga.

¿Cómo establecer objetivos que funcionen?

El primer paso de todo plan es fijar una meta clara. Para que dicho plan funcione, es importante que esa “meta final” pueda resumirse en una frase. Por ejemplo, nuestro hijo puede soñar con ser ingeniero desde que le regalaste ese juego de construcciones que tanto le gustó. En ese caso, podríamos decir que la meta de su sueño es “Ser ingeniero”.

Además, la meta que fijemos ha de alcanzable. No está mal ser ambicioso, pero si nos fijamos metas poco realistas es probable que fracasemos. Para evitarlo, trataremos de fijar metas tangibles. Quizá, si tu hijo tiene 10 años, es pronto para fijarse únicamente la meta “Ser ingeniero”. Podemos mantener la motivación hacia ese objetivo, y dirigir los esfuerzos a metas más pequeñas y más cercanas en el tiempo que sí sean alcanzables. Además, nuestra meta tiene que ser una meta coherente con nuestros valores y en la que creamos.

Es importante que determinemos plazo de tiempo en el que queremos conseguir nuestro objetivo. En este sentido, debemos tratar aquellas metas tan grandes que poníamos al comienzo como un conjunto de pequeñas metas. Imaginemos que hacemos una primera partición de la meta ‘Ser ingeniero” a “Elegir la carrera de ingeniería cuando llegue a la universidad”. En esta última meta, ya estamos incluyendo aspectos de duración que nos ayudan también a concretar.

Podemos incluso seguir partiendo esta meta en “trocitos” más pequeños, pasando de hablar a largo plazo (dentro de años o muchos meses) hasta llegar a una visión más cercana (dentro de unos días, semanas o un mes). De este modo, y tras mucho “trocear” la meta inicial, llegaremos a metas del tipo “apuntarme a las clases extraescolares de inglés” o “ir a la exposición de trenes antiguos del Museo del Ferrocarril con papá y mamá”. Recuerda, cuando ayudes a tu hijo en este proceso, es interesante que no crea que estas obligándole a cambiar su meta inicial, sino que el significado de la misma se mantiene en todas las demás.

Es mejor subir una pequeña cuesta cada día que tratar de escalar el Himalaya en un solo intento.

 

Fuente consultada: “How to get better at achieving your goals” by Christine Carter

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