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Publicado el 4 septiembre 2017

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Cómo enseñar a pedir perdón de forma sincera

Como seres humanos, todos cometemos errores y muchas veces estos pueden lastimar a otros. Pedir disculpas es un acto valorado por todas las culturas y es de mucha importancia en cualquier tipo de relación ya que ayuda a enmendar el daño ocasionado y a disminuir las emociones desagradables causadas por este. Sin embargo, no siempre es sencillo reconocer nuestra culpa y aceptar que debemos ofrecer una disculpa.

Así como hay ocasiones en las que pedir perdón nos puede ser difícil, para nuestros hijos lo puede ser también, especialmente si no comprenden por qué deben hacerlo. Es por eso que es muy importante que nosotros les enseñemos por qué, cómo y cuándo es necesario decir las palabras “lo siento” y actuar en consecuencia de esa disculpa.

Al enseñar a nuestros hijos a disculparse, les estamos dando una herramienta clave que de cara al futuro les será esencial para aprender a reconocer sus errores y conseguir un aprendizaje de los mismos. También será una cualidad que les permitirá perdonarse a sí mismos y construir relaciones significativas y sanas con los que les rodean.

Existen creencias falsas acerca de que los niños no entienden la importancia del perdón pero diversas investigaciones muestran que desde los cuatro años, los niños comprenden las implicaciones emocionales de pedir disculpas, que pedirlas puede disminuir los sentimientos de enfado y tristeza en el otro y consideran a las personas que se disculpan como más agradables. Incluso se descubrió que aquellos niños que recibían una disculpa tras haber sido ofendidos se sentían mejor y percibían al ofensor como más agradable y arrepentido. Incluso tendían a compartir sus juguetes con quien les había ofendido pero se había disculpado después.

Antes de pedir a nuestros hijos que pidan una disculpa cuando han cometido un error, ya sea intencional o por accidente, tenemos que saber que los niños notan cuando una disculpa nace de forma natural y cuando esta es motivada (u obligada) por otra persona. Por eso antes de obligar nuestros hijos a disculparse, es mejor que le calmemos y ayudemos a aumentar la empatía para favorecer que el perdón les nazca de un modo más sincero.

Algunas de las pautas que podemos seguir para promover una disculpa sincera en los niños son las siguientes:

  • Lo primero será asegurarnos de que entienden lo que han hecho mal y porqué está mal. Para esto es importante que no les hagamos sentir vergüenza y que no les juzguemos a ellos, si no el acto. No es lo mismo decir “Eres malo” a decir “Pegar a tu hermano no está bien”.
  • Es importante hablarles de sentimientos para ayudarles a comprender el malestar que han causado en el otro. Al pedirle que se ponga en el sitio del otro e imagine como se sentiría estando ahí, estaremos promoviendo la empatía que es esencial para pedir perdón y perdonar de manera auténtica.
  • Enséñales distintas formas de pedir disculpas. Por ejemplo, sugerirles que le den la mano o un abrazo a quien hayan ofendido o frases como: “No era mi intención hacerte sentir mal” o “entiendo que lo que hice no estuvo bien y te has sentido mal, lo siento mucho”.
  • Elógiales cuando hayan pedido perdón. No de modo que crean que deben ser premiados por hacerlo, sino reconociéndoles que pedir una disculpa puede ser difícil y que han hecho muy bien en reconocer su comportamiento inadecuado. También podemos decirles que lo han hecho muy bien y hacer énfasis en el lo bien que uno se siente después de enmendar un error.
  • También es importante enseñarles que pedir perdón puede disminuir el sentimiento de enfado pero no implica que no haya consecuencias. Por ejemplo, si ha pegado a su hermano o no han hecho los deberes y previamente se ha establecido que estas conductas tienen un coste, enseñarles que después de pedir perdón, deben aceptar la responsabilidad de sus actos y que estos tienen consecuencias.

También puede ser de ayudar enseñarles el significado profundo que puede tener un intercambio verbal entre dos personas y cómo el reconocer de este modo un error es necesario para hacer sentir bien al otro: lo podemos comparar con lo bien que se siente cuando nos dicen “te quiero” o nos hacen un cumplido. De este modo, en lugar de enseñar a los niños a repetir las palabras simplemente por costumbre, les enseñamos la importancia cultural y el significado profundo que puede tener el decir “lo siento” o “te pido una disculpa”.

Enseñarles a reconocer sus errores y perdonarse a sí mismos por ello es enseñarles a ser cuidadosos y comprometidos con las personas que le rodean.

 

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