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Publicado el 4 septiembre 2017

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Formar a nuestros hijos en la voluntad: un estilo de vida

Como hemos comentado en el artículo La voluntad: ¿Qué es y por qué es tan importante?, la fuerza de voluntad es como un músculo y necesita ejercitarse constantemente para fortalecerla y cuanto antes empecemos, más sencillo será.

Lo primero que debemos comprender a la hora de educar en la voluntad es que no es suficiente con que les demos pautas de pequeños sino que tenemos que irles formando de distintas maneras a lo largo de su desarrollo.

También hay que aceptar que nos tocará ir contracorriente en muchas ocasiones porque la sociedad, tal y como está ahora, no favorece el fortalecimiento de la voluntad. Vivimos en una época que se rige por la satisfacción inmediata y cada vez nos es más difícil aplazar la comodidad o tolerar las dificultades. Pero no hay que perder la esperanza porque, aunque no siempre será fácil, podemos educar en la voluntad y así contribuir a que nuestros hijos sean capaces de posponer las gratificaciones inmediatas para conseguir fines mayores.

Como cualquier entrenamiento, es necesario dedicar tiempo, paciencia, renuncias y sacrificios. Sin embargo, os aseguramos que es un esfuerzo que os compensará tanto a vosotros como a vuestros hijos. Además, una vez la fuerza de voluntad se ha interiorizado, es mucho más sencillo adquirir otros hábitos, por ejemplo: Un niño que siempre se cepilla los dientes a la misma hora y sin necesidad de que se le persiga para hacerlo, aceptará y adoptará con más sencillez y naturalidad el hábito de sacar su ropa del día siguiente al finalizar su cepillado de dientes.

Os dejamos algunos consejos para convertir la educación en la voluntad en un estilo de vida.

  1. Empezar poco a poco y reforzar los esfuerzos por pequeños que sean. Desde que son pequeños vamos regulando su comportamiento al establecer un horario de sueño, al no responder al más mínimo quejido… A medida que van creciendo, aplazar unos minutos el momento de complacerles (por ejemplo si piden leche o agua), motivarles a terminar todo lo que empiecen, hacer los deberes antes de jugar, respetar las reglas que establecemos y permitirles esforzarse por conseguir lo que quieren (siempre tomando en cuenta su edad), son ejercicios que contribuirán a que les sea más fácil llevar a cabo tareas que requieren más disciplina y constancia como hacer los deberes o comportarse bien cuando la situación lo requiere (un viaje largo en coche, celebraciones religiosas o de otro tipo, cuando nos acompañan a hacer algún recado…). Recuerda elogiar cada acto de voluntad que haga tu hijo ya que así sentirá que su esfuerzo es reconocido y aumentarán las probabilidades de que se vuelva a repetir el comportamiento en un futuro.
  1. Explicarles la importancia que tiene la constancia, el esfuerzo que implica y la recompensa que supone para que el buen hábito se vuelva una virtud. Es decir, asegurarnos de que entiendan que el hecho de tener que seguir una rutina y aprender a dejar el placer para después, no son exigencias que les hemos impuesto por capricho. Hacerles saber que entendemos que en ocasiones es difícil y aburrido pero que toda esa incomodidad se verá compensada con la gratificación de saber que se ha hecho lo correcto. De éste modo, estamos promoviendo la motivación interna que hará que a la larga interiorice los aprendizajes y que no necesite del refuerzo externo para hacer las cosas.
  1. Reconocer todos sus esfuerzos y demostrar nuestra satisfacción. No siempre será necesario que les premiemos con juguetes, chuches o cromos porque deben aprender que el premio está en la satisfacción de haberlo conseguido. Existen otras formas de recompensa como un reconocimiento, una sonrisa o agradecimiento. ¡No olvides ser creativo y sincero!
  1. Enseñarles a no quejarse. Empezando por dar el ejemplo, es importante que les enseñemos a nuestros hijos que las quejas solamente nos llevan a sentirnos peor y hacen más dura la tarea. Siempre que sea posible, es bueno ignorar sus quejas e intentar sustituirlo por una conversación más constructiva.
  1. Inscribirlos en alguna actividad que requiera esfuerzo y compromiso. Por ejemplo clases de música, deporte, voluntariado…
  1. Adelantar dificultades. Para ayudarles a mantener la determinación y la fuerza de voluntad ante una tarea o proyecto, es bueno imaginar con ellos los posibles obstáculos que se les pueden atravesar (como la pereza, el fracaso, el deseo de hacer otra cosa más placentera y el miedo) y preguntarles crear un plan de acción entre todos para ganar seguridad y garantizar el éxito.
  1. Mantente firme. En ocasiones nuestro cansancio o enfado pueden llevarnos a ser poco consistentes, tirar la toalla y dejar que nuestro hijo se salga con la suya, fortaleciendo así el músculo de la pereza. Es esencial mantener nuestra postura a pesar del momento en el que nos encontremos y utilizar nuestro esfuerzo como un ejemplo de fuerza de voluntad.
  1. Analiza con él la biografía de grandes triunfadores que sean modelos para él. Detrás de los éxitos espectaculares de Nadal se esconde un duro trabajo y una voluntad de hierro, que son fruto del esfuerzo, la constancia, el afán de superación, la renuncia y la lucha constante con uno mismo. “El partido interior, el que uno juega con o en  contra de uno mismo, determina en gran manera el resultado del partido  exterior”.  Mi agenda y yo. Santiago Álvarez de Mon.  Plataforma editorial. Pau Gasol,  uno de los mejores jugadores de  baloncesto es otro ejemplo a estudiar con tus hijos. Y como ellos está el  mundo del deporte ( referente importante  para tus hijos) lleno.

 

Una persona con voluntad es una persona con muchas virtudes, así que no dudemos en convertir nuestra vida familiar en un espacio que propicie el esfuerzo y el fortalecimiento de una fuerza de voluntad implacable.

 

 

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