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Publicado el 10 julio 2017

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Importancia de las normas y los límites

Aunque a tus hijos no les gusten las normas, las necesitan. Los límites les marcan lo que está permitido y lo que no, les ayudan a desenvolverse y entender el mundo que les rodea, les empujan a esforzarse para hacer las cosas bien y les aportan seguridad.

Los límites deben empezar desde el nacimiento y se irán revisando a medida que tu hijo vaya creciendo. Desde que nacen es necesario enseñarles a adaptarse al medio y los límites y las normas, son la forma para hacerlo.

De hecho si te paras a pensar, comprobarás como la mayor parte del tiempo que llevas dedicado a la educación de tus hijos tiene que verde una forma u otra con el establecimiento de límites y con asegurarte de su cumplimiento. Si queréis que vuestros hijos comprendan que la autoridad de la casa recae sobre vosotros, debéis ser firmes y coherentes con lo que predicáis.

Pero aunque las normas están tan presentes en el día a día familiar no siempre es fácil elegir cuáles son las más relevantes, qué consecuencias debe tener su incumplimiento… Para facilitarte la tarea te ofrecemos algunos requisitos indispensables que deben cumplir vuestras normas:

  • Acordes con la edad. En función del periodo evolutivo sabremos qué podemos pedirle a nuestros hijos y qué no. Cuanto más pequeños son, menos normas debe haber, ser más claras y sus consecuencias más inmediatas. Si hablamos de adolescentes puede haber más normas, las consecuencias no tiene que ser tan inmediatas y puede haber espacio para la negociación.
  • Claras, bien definidas y avisadas con antelación. Deben comprender exactamente lo que se le está pidiendo y saber de antemano qué se espera de ellos.
  • Pocas. ¿Qué es lo realmente importante? Aunque habrá muchas cosas que te parecerán relevantes, si hay demasiadas normas tú hijo puede sentirse oprimido y tomar una actitud pasota o rebelarse. Piensa qué cosas te parecen realmente importantes y con ellas, cread “Las normas de casa”
  • Formuladas en positivo. Siempre que sea posible es preferible decir lo que queremos que hagan y no, lo que no consideramos aceptable. Por ejemplo: “Habla bajo” en vez de “No grites”
  • Tener consecuencias. Las normas deben ir acompañadas de unas consecuencias. Que tú hijo comprenda la relación entre su conducta y el resultado es una forma de regular su comportamiento y adquirir autocontrol.
  • Consensuadas. Los padres debéis haber comentado con anterioridad qué normas os parecen importantes así como las consecuencias de las mismas. Evitar, siempre que sea posible: contradecir al otro en presencia del hijo, delegar en el otro la norma o cambiar de normas con frecuencia y sin previo aviso.
  • Deben ir acompañadas de vuestro No puedes pedirle a tus hijos que se coman todo lo del plato si tú dejas comida, que se laven las manos antes de comer si tú no te las lavas, pedir que no griten si tú se lo dices gritando… ¡tú ejemplo es lo más importante!

Para entender mejor cómo las normas son una guía para tus hijos y aunque no les gusten las necesitan, te dejamos con una metáfora que lo ejemplifica a la perfección:

Imagínate nadando en el medio del mar, desde donde no ves tierra por ningún lado. No sabes hacía dónde ir. Todo a tu alrededor es agua. No sabes qué hacer ni hacia dónde dirigirte. Estás perdido. 

Ahora imagina que estás en la misma situación pero hay unas señales que te van indicando el camino para llegar a tierra firme.

¿Experimentarás la misma ansiedad en las dos ocasiones? o ¿en cuál de las dos situaciones es más probable que acabes consiguiendo lo que buscas?

No puede existir un correcto desarrollo personal ni social sin unas normas que dirijan y contengan el comportamiento humano. Los límites aportan seguridad y control sobre el medio que nos rodea y nos permiten convivir los unos con los otros. 

 

 

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